Superintendencia de Recursos Jerarquicos de Bolivia
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Avances y Perspectivas en
América Latina y el Caribe


ALVIR ALBERTO HOFFMANN

CONSULTOR DEL DIRECTORIO DEL
BANCO CENTRAL (BRASIL)

ESTRUCTURA DE LA SUPERVISIÓN
FINANCIERA EN BRASIL

Voy a empezar hablando un poco de la estructura de la supervisión financiera en Brasil, donde está vigente una Ley de 1964 que creó al Banco Central del Brasil, con atribuciones para dirigir la política monetaria y para supervisar el sistema financiero.

En la nueva Constitución de la República del Brasil de 1988, se definió la necesidad de contarse con una nueva ley de bancos, pero pasados doce años desde entonces aún no la tenemos, a pesar de existir varios proyectos que se encuentran en la Cámara de Diputados y de Senadores. Lamentablemente, ninguno de los proyectos goza de consenso tanto de los representantes nacionales como del gobierno. La discusión gira especialmente sobre el tipo de modelo a implantarse, si será como el inglés o parecido al modelo argentino que lo consideramos muy adecuado y que podría funcionar bien en el Brasil.

En la actualidad tenemos un Directorio en el Banco Central, cuyos miembros son nombrados por el Presidente de la República, sin período fijo, pudiendo ser sustituidos en cualquier momento y esto crea un problema serio de dependencia. Desde 1994 ha sido mantenida la independencia del Banco Central, por la firme disposición del señor Fernando Henrique Cardozo, quien tiene un compromiso muy fuerte para mantener la estabilidad de la economía brasileña. Considero que con otra persona en lugar de Cardozo tal vez no existiría garantía para mantener la estabilidad, pues este tema no forma parte de las obligaciones del Presidente de la República.

Con relación a la estructura y aspectos legales del Banco Central, debo mencionar que las políticas están en manos del Consejo Monetario Nacional, conformado por el Ministro de Hacienda, Ministro de Planeamiento y de

Presupuesto y por el Presidente del Banco Central. Este Consejo es la instancia máxima en términos de definición de políticas financieras, porque la Ley transfiere muchos poderes a éste Consejo y al Banco Central. Creo que los problemas del día a día pueden ser conducidos con relativa facilidad porque tanto éste Consejo y el Banco Central tienen las potestades necesarias para poder actuar.

Este mismo Consejo estaba conformado, hace unos cinco años atrás por casi 20 miembros y participaban en él representantes de diferentes sectores de la sociedad. Por una decisión, criticada en esa época aparentemente poco democrática, se redujo este Consejo a tres personas, pero este hecho le dio mayor agilidad, lo cual es bastante saludable para el manejo de políticas del sector financiero.

El Banco Central puede autorizar, intervenir o liquidar a entidades financieras. En lo referente a estos temas, el Banco es el que instruye la intervención y posible liquidación. En este proceso se ven también todos aquellos aspectos que pueden ser llevados al ámbito de la justicia ordinaria, ya que muchas veces se encuentran una serie de aspectos relacionados al manejo doloso de la parte administrativa.

En el proceso de autorización para el funcionamiento de nuevas instituciones, en muchos casos no interviene el Directorio ya que el Departamento de Organización del Banco tiene atribuciones para autorizar nuevas instituciones, especialmente si son instituciones consideradas auxiliares o secundarias para el sistema financiero. Cuando se trata de un banco el tema es tratado por el Directorio, y si se trata de un banco extranjero, sobre todo porque en la legislación brasileña hay restricciones de orden constitucional, el Presidente de la República es el único que puede autorizar invocando el interés nacional. O sea, todos los bancos extranjeros que han entrado al Brasil tienen el respaldo de un Decreto Presidencial en el cual, además de citarse aspectos relacionados al interés nacional, se mencionan los recursos e inversiones esperadas.

En la mayoría de los casos, el Banco Central pone condiciones a los extranjeros que casi siempre se hacen cargo de alguna institución con problemas, lo que significa que de entrada están pagando un precio adicional. La aplicación de sanciones para las entidades financieras y sus directivos es competencia del Director de Supervisión del Banco Central, que cuenta con el apoyo de un Consejo parecido a lo que aquí en Bolivia es la Superintendencia de Recursos Jerárquicos, ya que analiza las sanciones en una segunda instancia. Este Consejo tiene una estructura pequeña, está conformado por nueve miembros, cinco son gubernamentales y cuatro del sector privado financiero.

Debo mencionar que el funcionamiento de esta estructura es lento. Los procesos son pausados. Ejemplo: en el presente estamos viendo problemas que sucedieron hace varios años, de los años 92 y 93, lo que puede ocasionar que las decisiones puedan ser erróneas, por cuanto el contexto en el cual sucedieron aquellos hechos, fueron diferentes a los de ahora y pueden merecer otro enfoque.

Acerca de los temas relacionados a la supervisión del sistema financiero y el manejo de crisis que hemos enfrentado el último tiempo anoche escuchábamos la intervención del Doctor Tawil y se mencionó cómo la crisis brasileña repercutió en Argentina. Por lo general cada quién tiene su punto de vista. En Brasil consideramos que nosotros no tuvimos crisis, que vivimos la crisis mexicana, la crisis asiática, la crisis de Argentina, es decir, uno se quiere autoconvencer de que siempre son los factores externos los que causan los problemas. Sin embargo, todo esto nos está mostrando una realidad, la realidad de que vivimos un contexto de globalización y que si nosotros no nos adaptamos a esta situación estamos expuestos a sufrir las consecuencias de la fragilidad de cualquier mercado.

Hasta el mes de junio de 1994 se vivió una coyuntura con inflación muy elevada; fue entonces que se inició un plan de estabilización llamado Plan Real, que es el nombre de nuestra moneda. Entonces el sistema financiero vivía con una liquidez muy grande, muy holgada, las tasas de interés eran muchas veces negativas, distorsionadas por el efecto de la inflación, que era un proceso creciente, cada mes se tenía un índice de inflación más grande. No se sabía cuál podría ser la tasa real de interés.

Por otro lado, las entidades del sistema financiero operaban con flujos elevados provenientes de los recursos que por ellos pasaban y que permitían tener ganancias sustanciales. Los bancos tuvieron una altísima utilidad a pesar de que operaban con bajísimo nivel de eficiencia en términos de intermediación financiera. En verdad, toda la captación de los bancos era direccionada a invertir en títulos del gobierno, que eran emitidos con frecuencia para cubrir su deuda y déficit. Los bancos no cobraban por servicios porque había ganancias suficientes por el tránsito de los recursos a través de ellos.

Por entonces había una gran cantidad de bancos y el sistema era un gran empleador. En esa época se hizo una gran inversión para la automatización bancaria, no porque se pretendiera ofrecer mejores servicios sino para facilitar que los recursos transitaran más rápidamente, pues, como la inflación podía llegar hasta el 2% por día, un recurso detenido significaba una pérdida muy grande.

Por otro lado, había cerca de 30 bancos públicos pertenecientes al gobierno federal y a los estados, que tenían una estructura deficiente y que estaban sometidos al manejo político. Por esta experiencia, se comprendió que la actividad bancaria no podía ni puede ser una actividad del gobierno. Todavía ahora hay algunos bancos públicos que están en proceso de privatización, y todavía tenemos dos grandes bancos federales que, cuando existan las condiciones políticas necesarias, seguramente entrarán a un proceso de ajuste que podrá llevarlos inclusive a privatización.

Una vez lanzado el Plan Real a mediados del 94, por la crisis mexicana de fines de mismo año, nos encontramos con otra coyuntura donde la inflación fue controlada y la liquidez se redujo dramáticamente. Como parte de la política de estabilización, el Banco Central dictó exigencias de encaje y de depósitos obligados con niveles muy altos, sobre todo en lo referente a los tipos de depósitos. Anuladas las posibilidades de ganancias a través de la flotación, se buscaron otras alternativas para mantener el nivel de rentabilidad, como el empezar a cobrar tarifas y se aventuraron en nuevas áreas de crédito. Toda una expansión muy grande de créditos a tasas de interés muy bajas, lo que despertó la suspicacia de los propios usuarios. Por otro lado, había marcada desconfianza sobre el éxito del Plan Real y se esperaba el retorno de la inflación.

La expansión de los créditos llegó a tal punto que el Banco Central, como una medida para restringirlo, instituyó los depósitos obligados sobre las operaciones de crédito, lo que parece un poco surrealista, pero este hecho desestimuló la colocación de los créditos. Pasados unos seis o siete meses se percibió que el comportamiento de los créditos era desastroso, ya que, por un lado, no había la práctica ni de los bancos ni de los usuarios, y por otro, todos esperaban el retorno de la inflación, lo que no sucedió nunca por la firmeza en que fue ejecutado el Plan. Como consecuencia, quebraron tanto bancos como los usuarios fueron incapaces de honrar sus créditos.

En ese contexto de liquidez muy restringida, los bancos que no eran sólidos empezaron a mostrar síntomas de iliquidez y se empezó a hablar de su capitalización. Surgieron entonces algunas alternativas de saneamiento, siendo una de las principales un cambio en la legislación bancaria que dio más poderes al Banco Central en su actividad de supervisión, lo que le permitió exigir la capitalización de los bancos y tener el control accionario. Actualmente, el Banco Central tiene la capacidad de llamar a un banquero y comunicarle que su banco fue vendido. El Banco Central también puede reorganizar una entidad financiera.

También se creó el Fondo de Garantías de Créditos para ofrecer garantías a los depositantes, que es esencial en cualquier sistema financiero y que en Brasil

no había hasta 1995. Se creó una entidad privada que los maneja y todos los bancos tienen que pagar una contribución sobre los depósitos. La afiliación a este sistema es obligatoria para todos los bancos.

En un primer momento el Banco Central tuvo que financiar este Fondo, pues no tenía el soporte necesario para cumplir con sus funciones. Se creó el programa PROER que era de reestructuración del sistema y que facilitaba la transferencia de control y de reorganización de instituciones que tenían problemas de solvencia. Este programa tenía como base el retirar de sus funciones a los administradores que llevaron a una entidad a la insolvencia, a aquellos que era demostrable que habían utilizado una entidad para fines propios.

En este sentido, se procedió en dos vías: por un lado capitalizando la parte buena de la entidad y por otro liquidando la parte mala. Esto se sigue practicando hoy día en Brasil. Esto fue necesario hacerlo para mantener la estabilidad del sistema.

Con relación a los bancos públicos, también fue creado un programa especial mediante el cual el Estado recapitalizó a estas entidades para convertirlas en viables para su privatización. En muchos casos, si no era esa la situación, se federalizaron algunas entidades y en otras se procedió a su liquidación o se las reconvirtió en agencias de desarrollo, de fomento.

Como ya mencioné antes, parte de las medidas del Plan se referían a la flexibilización en las condiciones de funcionamiento de bancos extranjeros y se permitió su ingreso como parte de solución a los problemas que existían.

En función de todos estos cambios y tomando en cuenta el contexto en que vivimos, se vio conveniente introducir cambios en el proceso de supervisión. Antes del plan de estabilización, se hacía una sistemática supervisión e inspección en las instituciones y se trabajaba como en una especie de examen modular, se mandaban dos o tres inspectores a los bancos para que analizaran aspectos específicos, como la tesorería, el sistema de pagos, operaciones de crédito y se tenía una cierta visión sobre la situación del banco, basada en este tipo de inspecciones realizadas en diferentes épocas. Pero nunca se tenía una visión completa y consolidada del banco en un determinado momento. El monitoreo era hecho de forma individual por instrucción financiera con base en informaciones contables que se veían distorsionadas por efectos de la inflación. Con una inflación del 40, 50 u 80% al mes era difícil saber qué pasaba con el crecimiento descontrolado de los números. También existía una falta de información relacionada con el crédito, posiciones de riesgo en el cambio y en las tasas de interés. La verdad es que el sistema miraba para atrás y no hacia el futuro, se pretendía saber qué pasó y no lo que pasaría.

Entre el ´86 y el ´94 se tuvo en Brasil una serie de planes económicos heterodoxos, con los que se intentaba por arte de magia conjurar la inflación. Se introdujeron reglas que no constituían reglas de mercado. Se orientaban todo el tiempo a la supervisión del cumplimiento de las reglas por parte de los bancos, sin verse, muchas veces, aspectos relacionados con la solvencia, con aspectos cualitativos del banco.

Fue necesario también hacer un cambio muy grande del enfoque de la supervisión. Actualmente en forma resumida, se realizan inspecciones generales consolidadas y se envían hasta 100 inspectores a un banco y hacemos una radiografía de todos los aspectos inherentes, a un mismo tiempo. De esta manera se tiene una visión consolidada de tal cómo se encuentra, considerando todo el conjunto de decisiones que están ligadas al banco, ya sean de carácter financiero o no.

También se hizo toda una reestructuración de la normativa orientada a adaptarse al standard internacional, y en este aspecto considero que la normativa y recomendaciones que vienen del Comité de Basilea son muy útiles, porque dan armas y argumentos para enfrentar las discusiones políticas. En mi criterio, cuando se tiene una recomendación internacional para todos los países no es prudente discutir si es bueno o no, si se aplicará para algunos bancos y para otros no. Se tiene que considerar que si se aplican las recomendaciones, el país está en el contexto de la globalización y esa es una buena señal para afuera, pues al país se lo ve que está dentro de los estándares, que busca una estabilidad y donde se puede invertir sin mayores problemas.


ALVIR ALBERTO HOFFMANN
CONSULTOR DEL DIRECTORIO DEL
BANCO CENTRAL (BRASIL)  

        

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