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Avances y Perspectivas en
América Latina y el Caribe



ROSSANA RUIZ
CONSULTORA ECONOMICA
BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA DOMINICANA

ROSSANA RUIZ

CONSULTORA ECONOMICA
BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA DOMINICANA


EXPERIENCIAS Y PERSPECTIVAS DEL SECTOR FINANCIERO EN LA REPUBLICA DOMINICANA

Antes que nada quiero agradecer a nombre del Banco Central de la República Dominicana la oportunidad que se nos permite de participar en este Seminario Internacional de tanto nivel titulado Regulación y Supervisión Financiera: Avances y Perspectivas en América Latina y el Caribe. Por compromisos oficiales y razones de fuerza mayor de último minuto, no pudo participar el Gobernador del Banco Central, el Lic. Héctor Valdéz Alvizu, quien presenta sus formales excusas ante este auditorio.

Como bien señala el tema, tenemos que hablar de regulación, supervisión, cuáles han sido nuestros avances, qué perspectivas tenemos en este mundo cada vez más globalizante que hoy vivimos. En caso de contarles un poco de la experiencia de República Dominicana, me preguntaría primero, qué éramos antes, para poder hablar de avances.

La primera reforma monetaria y bancaria de República Dominicana se realizó en el año 1947 cuando se promulgaron tres leyes importantes, la Ley Monetaria, la Ley Orgánica que creó el Banco Central como ente emisor con una Junta Monetaria como organismo rector, investido de una función constitucional de ser el ente monetario y regulador del sistema monetario y financiero del país.

También se dictó en esa época la Ley General de Bancos en virtud de la cual se crea la Superintendencia de Bancos como ente fiscalizador de las instituciones financieras. Hasta la década del 60 realmente hubo poco cambio en materia de regulación, tanto en el orden del Banco Central como de la Superintendencia de Bancos. A partir de los años 60's, como ocurrió en casi todos los países latinoamericanos, comienza la evolución del sistema financiero. Empezaron a surgir nuevos intermediarios financieros, asociaciones de ahorros y préstamos, bancos de desarrollo financiero, que hicieron cada vez más apremiante la necesidad de poder revisar y contar con reglas claras, que dictaminaran las señales a este mercado financiero que crecía.

Hasta 1989 la organización estructural del sistema financiero dominicano era la siguiente: teníamos en la pirámide superior un Banco Central como órgano rector, una Superintendencia de Bancos como ente fiscalizador, un Banco Nacional de la Vivienda que regulaba y supervisaba a las Asociaciones de Ahorros y Préstamos. Es decir, había una dicotomía en lo que era la regulación y la supervisión. Dos entes reguladores y dos entes supervisores.

En lo que respecta al sistema financiero, teníamos un sistema altamente especializado, un mercado muy segmentado y atomizado, casi 700 instituciones financieras que regular y supervisar, teníamos unas instituciones financieras reprimidas financieramente, como bien señaló el Lic. Flavio Machicado, con tasas de interés fijas, créditos selectivos, tipos de cambios, también controles cambiarios, en fin, teníamos todo un panorama de rigideces legales y de ausencia de mecanismos que respondieran a las necesidades imperantes del entorno nacional e internacional.

A la par con esta situación de lo que era el mercado financiero en la década del 80, la famosa década perdida para toda América Latina, la República Dominicana no estuvo exenta de esos efectos perdidos y en esta década de los 80's surgieron fuertes desajustes macroeconómicos, caracterizados por devaluaciones, desestabilización de la tasa de cambio, niveles de inflación que si lo comparamos con Sudamérica, ustedes lo considerarían pequeños, pero para que nosotros que teníamos tres décadas de inflación de un dígito, llegar al 100% en 1989, era una cosa realmente poco manejable para nuestra isla, República Dominicana, una isla caribeña de apenas 48.000 Km. y 9 millones de habitantes y con poca experiencia en el manejo de lo que era la inflación y los desajustes macroeconómicos.

Además, en 1989 surgió una crisis financiera en República Dominicana, el 40% de la banca comercial entró en lo que nosotros llamamos allá un "feriado bancario" y realmente el sistema de pagos se vio fuertemente afectado.

En 1990 sucede algo que podríamos decir "El Señor nos dio la mano", se firmó en un país donde hay tantos conflictos de intereses y tantas disimilitudes políticas, un pacto de solidaridad económica y mediante la concertación, se lograron establecer objetivos y políticas nacionales. En este sentido se planteó la necesidad de impulsar reformas estructurales en la economía que permitieran reorientar la estabilización, recuperar los niveles de crecimiento y poner el país en condiciones de poder tener un desarrollo sostenido en los próximos años.

En este sentido, se aprobaron reformas como la tributaria, laboral, arancelaria en una primera etapa y se diseñó todo un programa de reforma financiera bajo un programa sectorial financiero con el BID, que tenía como primer objetivo, adecuar el marco legal dominicano a las necesidades del momento.

Realmente teníamos leyes obsoletas y ausencia de mecanismos que permitieran cautelar lo que era la solvencia de los bancos. Esta reformulación legal se plasmó en un proyecto de código monetario financiero, que aunque lamentablemente todavía está hace diez años en el Congreso Nacional, verdaderamente agrupó los principales objetivos. En primer lugar, dotar de una nueva estructura al sistema financiero, pasar de la banca especializada a la banca universal. De esta manera se buscaba la eficiencia, las economías de escala y constituye un paso que en República Dominicana, como decía Dn. Flavio Machicado, presenta ventajas y desventajas.

En República Dominicana hay una ventaja en términos de derecho y es que el Banco Central, a través de su órgano rector, la Junta Monetaria, tiene facultades constitucionales de normar. Si bien es cierto que se necesita la ley para la certidumbre jurídica que deben tener estos procesos de cambio, tenemos la facultad de poder avanzar, a través del Congreso Nacional. En este sentido, se puso en vigencia esa nueva estructura de la banca universal, se dictaron normas prudenciales incorporando el criterio del índice de solvencia de Basilea y una serie de límites para cautelar la concentración del crédito, eliminar los conflictos de intereses, o sea, se establecieron los topes individuales al crédito, se limitó la concentración de los préstamos vinculados, se limitó la proporcionalidad de activos fijos con relación al capital normativo, se definió este capital normativo ya de acuerdo a criterios de estándares internacionales y se aumentaron los requerimientos de capital.

Finalmente, se tomaron una serie de acciones encaminadas a reestructurar lo que era el sistema financiero. Complementariamente, se dictaron unas normas bancarias para la calificación de activos de manera que pudiéramos cautelar el riesgo de crédito e incorporar estas pérdidas estimadas, en lo que eran los cálculos del índice de solvencia. Paralelamente, también se fue avanzando, además de la regulación, en cuanto a lo que fueron normas prudenciales y normas bancarias.

Se hizo un gran desarrollo en lo que ha sido la transparencia de la información, a través de la publicación de las notas de los auditores externos. Se estandarizaron y homologaron estos requerimientos de publicación y de formatos de los estados financieros de las instituciones.

Asimismo, se proyectaron, con asesoría del BID, normas para enfocar la supervisión bancaria bajo dos pilares principales: el manejo de riesgo y la solvencia de los bancos. Se oye muy sencillo decir: bueno, la supervisión se va centrar en el manejo de riesgo y en cautelar la solvencia de los bancos. Sin embargo, estructurar orgánica y funcionalmente, en términos de lo que son los recursos humanos, los medios de información, las necesidades de automatización, es un proceso realmente titánico que ya se llevó a cabo en la República Dominicana para poder nivelar lo que eran los esquemas de supervisión bancaria, a tono con otros países de América Latina y El Caribe.

Teníamos un sistema financiero que llegaba a 700 instituciones superatomizadas, que se redujo, mediante el mecanismo de salida ordenada de instituciones financieras, de liquidaciones, de incentivos a fusiones, a 171 instituciones. Con un sistema que comenzó en el '93 con un riesgo estimado de un 11% del nivel de la cartera, tenemos un sistema que exhibe un 4,6 de riesgo y una solvencia que en términos agregados alcanza el 12,6 por encima del 10% requerido por Basilea. Si se contrasta lo que somos y de dónde partimos, los avances que hemos logrado, nos lleva a la conclusión de que hay logros tangibles que pueden ser exhibidos como el crecimiento de la economía dominicana.

Cuando uno se pregunta ¿Para qué una reforma financiera? ¿Cuál es el objetivo final de una reforma financiera? No es más que la asignación eficiente de los recursos económicos y propender a un crecimiento sostenido de la economía. Si ustedes analizan las cifras de esta década, verán que de un crecimiento negativo del -5.5 el Producto Interno Bruto de la República Dominicana, hoy se coloca de manera consecutiva, en los últimos 4 años, con el más alto índice de América Latina y el Caribe, superando el 8% de crecimiento del PIB.

Es un logro que nos enorgullece y que es resultado de una coordinación estricta entre la política fiscal y la política monetaria, donde los elementos de disciplina, de control y de cautela permanente, han jugado un papel preponderante. Esto es algo que nos compromete como país, a preservar la primera condición de todo sistema financiero para garantizar su estabilidad y solvencia que es la estabilidad macroeconómica. Si ese primer factor existe, podemos bajar al terreno de trabajar en lo micro, en los aspectos de los controles internos, de la gestión, de la calidad de la información, de la transparencia de esta misma información, pero ya es un elemento que sin lugar a dudas constituye un aporte significativo para asegurar y preservar la estabilidad y solvencia de los sistemas financieros.

Ahora bien, no todo está hecho, falta mucho. El reto es grande, los desafíos son cuantiosos, tanto para mi país como para América Latina y el Caribe. Apenas tenemos cautelado el riesgo de crédito. República Dominicana aún no ha regulado lo que son los riesgos de mercado, son cosas que están en la agenda pendiente, temas como los conglomerados financieros, la banca off shore. Es decir, que tenemos una serie de puntos de agenda, la mayoría comunes con otros países de América Latina que nos obligan a permanecer las 24 horas del día en actitud de resolver estas tareas pendientes.

Lo importante de todo esto es que si se está en el camino y no se pierde de vista lo que son esas perspectivas, ese horizonte de adecuarnos y situarnos en los estándares internacionales del mundo de hoy, entonces nos obliga a estar a tono con esas reglas internacionales y no tenemos otra opción, no tenemos otro camino.

El efecto contagio de la globalización nos puede llegar a todos, en cualquier momento. Lo importante es la prudencia, la prevención y estar preparados. El reloj está en contra de nosotros, por eso, eventos como éste donde escuchamos experiencias, compartimos lo que han sido logros, avances y caídas, nos permiten retomar y aunar esfuerzos. Pensar que se puede hacer mucho, podemos hacer realidad ese sueño de Bolívar, de una América unida.  

        

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