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MARTIN NARANJO
SUPERINTENDENTE DE BANCOS Y SEGUROS
(PERU)

MARTIN NARANJO

SUPERINTENDENTE DE BANCOS Y SEGUROS
(PERU)

EL SISTEMA FINANCIERO PERUANO

Déjenme contarles un hecho, una anécdota que sucedió en el año 1995. Estaba presidiendo la mesa en una conferencia similar a ésta, sobre microfinanzas, el público eran 700 personas: microempresarios e investigadores de microfinanzas; eran aproximadamente las ocho de la noche y súbitamente se apagaron todas las luces; en Lima en algún momento fue muy común que tuviéramos ese tipo de apagones. Inmediatamente se acercó un ayudante y me dice que está confirmando la llegada del Presidente de la República para clausurar el evento. Le digo: "va a ser un problema que venga y lo recibamos con este apagón". Inmediatamente después se acerca el mismo ayudante y me dice que el apagón se debe a un incendio al lado. Poco después otro ayudante me confirma que ya está controlado el incendio. Pero entre que me comunican que hay un incendio y que ya está controlado, pasó por mi cabeza un conjunto de pensamientos realmente complicados, en la oscuridad de un auditorio con 700 personas al frente; no tenía idea de la magnitud del incendio, ni por dónde era el mismo y no sabía si debía comunicar o no comunicar al auditorio. Imagínense que en este momento yo supiese que se está incendiando todo el exterior de este recinto, cómo hago para anunciarlo, qué hacemos para salir y en qué orden, etc. Bueno, ese problema es muy parecido, en términos teóricos por lo menos, al problema de la resolución de crisis bancarias.

¿Cómo es el sistema financiero peruano? ¿Cómo estaba antes de la última crisis del 97 y la del 99? ¿Cómo se administró la crisis?

Brevemente, la economía peruana es pequeña, somos aproximadamente 24 millones de habitantes. Lima con 8 millones de habitantes, es una ciudad grande, plana, levantada sobre valles y rodeada de desiertos. La economía total es de 65 billones de dólares, el sistema financiero representa alrededor del 24% de esta cifra, más o menos unos 12-13 billones de dólares. Este sistema que ahora es el 24% de esta economía pequeña, lo era aún más a inicios de los 90, era del orden del 4% de una economía más pequeña, y este 4% además tenía como principal componente a los bancos del Estado, tales como un banco agrario, un banco minero, un banco industrial, un banco hipotecario, un banco de la vivienda.

En síntesis, cada sector tenía su banco. Existían además bancos comerciales, en los que el Estado participaba como accionista. Gran parte de la reforma al sistema financiero, consistió en liquidar esta banca de fomento y en privatizar aquellos bancos que tenían al Estado como accionista. Pasamos de una situación, en la cual el sector público representaba la mitad del sistema financiero, a una situación en donde desaparece el sector público bancario. Además apareció la inversión extranjera.

En la actualidad el sistema financiero peruano, conformado por aproximadamente 20 bancos, cuenta con inversionistas internacionales en su patrimonio, en el orden de 40 y 50% del total. Hay bancos de las principales plazas, de los Estados Unidos, de Inglaterra, de España y de diferentes otros lugares.

Otra característica importante es que de estos 12 billones de dólares, el 70% de los pasivos y un poco más en el caso de los activos, están denominados en moneda extranjera. Es decir, es una economía con un sistema financiero muy dolarizado, con un tipo de cambio flexible, parecido según me comentaban al sistema boliviano.

Nosotros sabíamos que se venía un impacto importante sobre la economía peruana, el impacto que esperábamos era el "Fenómeno del Niño", que se anunció con la suficiente antelación como para poder desarrollar acciones preventivas.

Imaginábamos un efecto sobre el portafolio en aquellos sectores vinculados con el fenómeno climático: esperábamos que el sector agrícola y pesquero sufriesen, que la infraestructura podría verse afectada y que por lo tanto las exportaciones mineras podrían verse también perjudicadas. Así se diseñó un manejo de escenarios que permitiese de alguna manera trabajar esta crisis o este impacto que estaba por recibir la economía peruana, según todos los informes climáticos disponibles en ese momento.

El problema radicaba en que se sumaron toda una serie de crisis internacionales y, como en otras partes, en el Perú cuando las cosas van bien es porque estamos haciendo muy bien, y cuando van mal es porque algo ha pasado en el exterior. Es decir siempre las crisis tienen origen externo y siempre los desarrollos positivos tienen orígenes internos. Esto es "evidente" para todos nosotros. En realidad, las crisis siempre son una combinación de ambos factores. Si usted quiere analizar el impacto de una crisis, tiene que analizar los dos componentes; por un lado cuál es la magnitud del impacto que está por recibir y por otro quién recibe el impacto.

Nuestro diagnóstico partía de que nuestro sistema financiero estaba relativamente sólido respecto al impacto que podría recibir y esto resulta importante para poder entender el tipo de política que se administró. Pensábamos que el país estaba relativamente fuerte, por una sencilla razón, porque Perú llegó atrasado al crecimiento del mercado internacional de capitales, porque reinsertó tarde su economía dentro de esta burbuja del mercado internacional.

El Perú recién en 1996 ó 1997 firmó su acuerdo con la banca comercial y años antes recién había arreglado sus problemas con los países y con la banca multilateral. Por ello, cuando uno llega tarde a la fiesta no tiene mucho tiempo de participar en la misma y por lo tanto tiene menos de qué arrepentirse. Y así fue, el crecimiento había sido un crecimiento que se produjo después del cambio en la regulación.

El Perú todavía no estaba reinsertado a la economía internacional, aún no participaba de este crecimiento de los mercados emergentes, cuando se practicó la reforma del sistema financiero: liquidación de la banca de fomento, cambio de la ley de bancos, introducción de cambios requeridos por el Comité de Basilea, (términos de adecuación de capitales, supervisión por riesgo, etc.).

Sobre la base de este diagnóstico trabajamos cómo íbamos a administrar este problema del "Fenómeno del Niño" e imaginábamos que en algunos bancos el impacto iba a ser mayor que en otros, según la distribución del portafolio de cada banco. El problema se agudizó sustancialmente porque a finales del 98, además del "Fenómeno Niño", tuvimos los problemas de liquidez que enfrentó toda la región, sentimos el efecto de la crisis brasileña expresada en los movimientos de capital originados a partir de la incertidumbre en la economía brasileña.

Por ello, lo que hubo que hacer es diseñar un conjunto de políticas, un conjunto de elementos que permitan administrar eficientemente la probable salida del mercado de algunos intermediarios. El primer elemento que se trabajó fue la modificación adicional de la ley de bancos, ¿Por qué? Porque la ley de bancos en el Perú tenía un mecanismo de resolución muy simple, si el banco caía en determinada causal, el banco era intervenido e inmediatamente liquidado; no había otra alternativa.

Existía una situación especial, porque desde el punto de vista del gobierno, éste tenía una posición negociadora muy débil, ya que se le comunicaba a un banco relativamente grande: "si no aportas 50 millones de dólares, mañana entras en régimen de liquidación" y por supuesto el banco le iba a contestar: "claro, si yo no pongo 50 millones a ti te va a costar 500 millones, y eso sólo durante el primer día para que pagues el seguro de depósito".

Como verán, no era una amenaza creíble, por lo que el banco podía seguir el juego de: "mejor resuélvelo de otra manera: ¿Por qué no compras la cartera? ¿Por qué no haces un depósito? ¿Por qué no estabilizas los depósitos del sector público en mi banco? ¿Por qué no estacionas un poco de recursos en mi entidad? De esta manera, vas a apreciar cómo con el crecimiento vamos a salir todos".

Por lo tanto, lo primero que había que hacer era modificar el régimen de salida del mercado. Esta necesidad era para mejorar la posición de negociación o la capacidad de presión e incluso la capacidad de convencimiento del propio gobierno. Entonces la ley fue modificada, además de la liquidación ahora existe la posibilidad de poder distinguir los activos buenos de los activos malos, poder vender activos buenos calzados con los pasivos en determinado orden de prelación, separar este banco bueno y poder venderlo a un tercero.

También existe la posibilidad de que el Fondo de Seguro de Depósitos pueda administrar temporalmente un banco en problemas, después de eliminar la participación accionaria del sector privado; esto sujeto a que el Banco Central, la Superintendencia de Banca y Seguros y el Ministerio de Economía y Finanzas estén de acuerdo en la existencia de riesgo sistémico,

En consecuencia, se modificó la ley de bancos como primera estrategia. Los otros elementos de la estrategia fueron dos puntos fundamentales. El primero es que cualquier medida, cualquier esquema financiero, tiene que ser diseñado de tal manera que nunca termine favoreciendo al accionista. Usted puede favorecer a la institución sin favorecer al accionista. No podríamos desarrollar un esquema tal que, por ejemplo, termine uno favoreciendo al accionista, porque se generaría un riesgo mayor: el riesgo moral, que como todos ustedes saben, es muy sencillo: "si sale cara yo gano, y si sale sello tú pierdes". Este juego es el que se juega normalmente en el negocio bancario. Si las cosas van bien, el banquero se apropia las ganancias, y si las cosas van mal el Estado paga a los depositantes. Si sale cara, el banquero gana, y si sale sello el Estado pierde. Ese juego no podía prolongarse, simplemente cualquier medida tenía que ser delineada de tal forma que no favoreciera de ninguna manera al accionista.

La segunda medida o el segundo elemento de la estrategia, era que cualquier medida propuesta debería tender a reducir el problema, a la disminución de los costos potenciales de una liquidación y, esto es muy importante, siempre es posible estabilizar un banco con un buen depósito del sector público, es muy factible hacerlo, pero no es recomendable, porque el problema simplemente se atrasa y se hace más grande. Lo que usted diseñe tiene que ser de tal manera que acorte el problema.

A modo de ejemplo, durante la crisis en la casa del embajador japonés en Lima; el primer día había 700 personas como rehenes, lo que incluso para los secuestradores era incómodo, entonces, el primer elemento de negociación fue: "no necesitas 700 rehenes, que salgan las mujeres, que salgan los enfermos, que salgan los que están mal, los que están graves o los que fuera".

Esa estrategia significa que si bien no has resuelto el inconveniente, éste es más pequeño. ¿Cómo se traduce esto en un banco que entra en problemas? Yo puedo diseñar algún tipo de apoyo, pero el banco tiene que reducir el problema del costo potencial de la liquidación, es decir, si hay créditos vinculados, eso en una liquidación vale cero, entonces para poder ayudarte, quiero que ese crédito vinculado esté mejor colateralizado y si bien esto no agrega a la solución, sí reduce el costo final de la liquidación. ¿Por qué? Porque en caso de una liquidación, ese crédito vinculado tiene una hipoteca y por tanto ese tipo de acciones terminan reduciendo el costo potencial y fuerzan al accionista a poner más en juego. Mientras esto ocurra, es más fácil que la solución privada funcione.

Todos los elementos buscan en realidad rescatar el máximo de valor económico, es decir, que los créditos sigan pagándose, sigan operando y que los pasivos sigan siendo atendidos. Se trata de rescatar el máximo de valor económico y de focalizar las pérdidas. Esto es muy importante: nadie debe perder un centavo, hasta que el accionista pierda el último.

Con estos elementos de la estrategia, el diseño de los programas fue más simple. Los depósitos del sector público fueron estabilizados, sujetos a determinadas condiciones de subasta y condiciones de límites muy específicos para cada institución del sector público. Además, hubo un mecanismo para compartir las pérdidas que se pudiesen generar.

La idea es que es muy distinto que todo el mundo pierda 1%, a que un 1% desaparezca; por ello se diseñó un mecanismo para compartir pérdidas.

Luego se establecieron dos programas de bonos. Uno fue el de liquidez, que en la práctica era un redescuento que pudo hacer el Banco Central pero por las propias limitaciones de su regulación estaba impedido.

El segundo programa fue un bono para intercambio de cartera pesada, donde existía un compromiso de recompra. El acceso a ese segundo programa estaba sujeto a varias condiciones: aportes de accionistas en el banco, reducción de créditos vinculados, no distribución de dividendos, etc. Esto era equivalente a reducir el monto de provisiones o de previsiones, como le dicen aquí en Bolivia.

Esta equivalencia es cierta y la idea es que en situaciones de recesión es posible que las provisiones terminen por encima del óptimo de largo plazo y, por lo tanto, es posible poder reducirlo ligeramente, siempre y cuando el largo plazo exista. Se trataba de identificar un programa de largo plazo para cada institución.

A manera de resumen, estamos hablando de principios para la administración de la crisis en este sistema pequeño, donde cualquier medida que uno lleve a cabo no debe favorecer al accionista, debe favorecer a la institución, debe reducir la magnitud del problema potencial, ya que el objetivo debe ser el rescate del máximo valor económico, y tratar de focalizar las pérdidas en el grupo accionista, es decir, nadie debe perder un centavo hasta que el accionista pierda el último.

¿Qué requisitos existen para poder aplicar este tipo de medidas? La autonomía del regulador, la autonomía del supervisor, una autonomía presupuestal, una autonomía operativa, es decir estar fuera del control del aparato político. Otro requisito importante es el tema de protección legal, a nivel penal y a nivel civil, esto es absolutamente importante para una buena vigilancia y para poder desarrollar acciones preventivas como manifiesta Vicente Bengoa.  

        

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